Estás en: Enseñanza

No sólo abogados, médicos y contadores; también pianistas, profesores, físicos, filósofos...

Finalizada la inscripción en las facultades, la vicepresidenta del Área Académica de la UNLP, Ana Barletta, reflexiona sobre las cifras de ingreso y las diferentes variables que influyen en la elección de las carreras

Ana Barletta, vicepresidenta del Área Académica de la UNLP

En los momentos de inscripción a las carreras de grado, es común escuchar críticas a la concentración de estudiantes en un puñado de carreras. Se dice: habiendo una oferta de más de 100 carreras, porqué los estudiantes se inscriben masivamente en apenas 8, objetando esta distribución desigual como si fuera el resultado exclusivo de una política fallida.

Una característica distintiva de nuestro sistema universitario que ha resultado muy difícil de revertir, ha sido, justamente su perfil profesionalista, fuertemente vinculado a la demanda de ascenso social de nuestras clases medias. La obtención de un título profesional sigue siendo vista como una herramienta eficaz para abrirse caminos en una sociedad que no logra superar niveles altos de desigualdad social. 

Nuestra Universidad, la primera concebida como universidad científica, mantiene esta impronta en su alta participación en la producción de conocimiento dentro del sistema científico nacional, desarrollando su riqueza disciplinar dentro de la universalidad del saber y de la constante creación de nuevos campos de conocimiento y de sus formas de aplicación. Así, como Universidad pública formamos en áreas que no sólo responden a la demanda social de títulos profesionales. Y, lentamente, la tendencia de crecimiento de algunas carreras, se vuelve más sostenida que la de aquellas más tradicionales.

Analizando unos pocos ejemplos -sólo por cantidad de ingresantes entre 2014-2017- podríamos ver que las distintas orientaciones de las Ingenierías e Informáticas crecieron entre 60 y 80 %; algunos Profesorados (según sus diferentes disciplinas) oscilaron entre 30 y 100 % de crecimiento; la Lic. en Física, 35 %; Geofísica y Astronomía, 148 y 108 %; una carrera nueva como Lic. en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, 41 %... O las diferentes orientaciones de Música que crecieron por encima del 50 %, mientras la carrera de Contador creció 10 %; bajó el crecimiento de Escribanía y Procuración en relación a Abogacía, o Psicología, que aun manteniendo una matrícula alta, mostró un crecimiento del 12 %,

Es evidente que estos argumentos requieren de un mayor desarrollo expositivo que combine la perspectiva histórica (los famosos legados que siempre pesan sobre los actores en el presente) con el análisis sistemático de los nuevos datos (entrar en las Facultades, en las disciplinas, en cada carrera, en las trayectorias de los ingresantes) para incorporar una mirada no reductiva sobre una institución tan compleja como la Universidad.

De este modo, tal vez dejaríamos de poner el acento sobre lo poco informados que están los estudiantes o sobre la pobreza de la escuela para, así, poder apreciar mejor la multiplicidad de factores que están en juego: tanto la presencia de determinantes estructurales e históricos como el efecto de las políticas públicas de los últimos años que, lógicamente, tardan en producir resultados visibles.

*El texto del presente artículo fue publicado -en forma parcial- por el Diario El Día de La Plata en su edición del domingo 10 de diciembre. Compartimos aquí la versión completa.

Actualizado el: 2017-12-19