Con gran convocatoria, en el marco de la Mesa de Trabajo sobre Salud Mental del Consejo Consultivo de Asociaciones Civiles perteneciente a la Secretaría de Relaciones Institucionales de la UNLP, se realizó el primer encuentro “Familias que conectan: enfrentando los desafíos de la esquizofrenia”, un espacio de diálogo y capacitación para familiares, personas con esquizofrenia, profesionales de la salud y comunidad en general. La actividad, que tuvo lugar en el edificio Sergio Karakachoff de la casa de estudios, el pasado viernes 8 de agosto, contó con la participación de miembros de la Asociación de Ayuda a Familiares de Personas con Esquizofrenia (AAFE).
El evento, pensado para unir experiencias y aprender, estuvo encabezado por el prosecretario de Relaciones Institucionales de la UNLP, Abog. Alfredo L. Brunetti, el coordinador de la Mesa de Trabajo sobre Salud Mental de la UNLP, Dr. Pedro R. Gargoloff, y una de las colaboradoras del espacio, la Dra. María Delia Michat. Reunió a decenas de asistentes, quienes compartieron vivencias, herramientas y estrategias para mejorar el acompañamiento a quienes conviven con esta enfermedad.
En la apertura, los especialistas Gargoloff y Michat remarcaron la importancia de la psicoeducación familiar, como herramienta de capacitación a los cuidadores para prevenir recaídas, mejorar la adherencia a los tratamientos y reducir el impacto del estrés en las personas con esquizofrenia y sus familias. Se explicó que los familiares son un pilar clave en el proceso de recuperación, ya que muchas recaídas pueden prevenirse si cuentan con información clara, apoyo emocional y redes comunitarias. La psicoeducación, sumada a los grupos de ayuda mutua, demostró en numerosos estudios que mejora la respuesta a los tratamientos, evita las recaídas y reinternaciones psiquiátricas, los costos globales y la calidad de vida, tanto del paciente como del cuidador.
Uno de los ejes centrales fue visibilizar las barreras que dificultan el acceso a la atención en salud mental: desde la desinformación, el estigma y la discriminación, hasta la falta de recursos, las demoras en el sistema de salud y la escasa capacitación de algunos equipos profesionales de la salud general. También se mencionaron los determinantes sociales como la pobreza, el desempleo, los problemas educativos o la falta de vivienda, que agravan la situación.
A lo largo de la jornada, se identificaron necesidades prioritarias: que las personas con esquizofrenia reciban información comprensible sobre su diagnóstico, tratamiento y derechos; que las familias cuenten con apoyo legal, económico y emocional; que los profesionales dispongan de tiempo y condiciones para un trabajo sostenido y que la comunidad sea un espacio de inclusión y no de discriminación. Asimismo, se propusieron estrategias concretas, como protocolos de alerta temprana para detectar recaídas, programas de descanso para cuidadores, campañas de sensibilización en medios, escuelas y mesas locales de salud mental donde participen pacientes, familias, profesionales y autoridades.
En talleres, con participación activa de los asistentes en distintos grupos de trabajo, se abordaron temas como:
- Herramientas para la persona con esquizofrenia: información clara, continuidad del equipo de salud, escucha activa.
- Herramientas para la familia: psicoeducación, apoyo terapéutico, redes de contención.
- Herramientas para el equipo de salud: mejor comunicación con cuidadores, estabilidad laboral, formación continua.
- Herramientas para la comunidad: campañas sostenidas, capacitación a fuerzas de seguridad y personal de emergencia, políticas públicas inclusivas.
- Reducción del estigma: promover empatía, comprensión y aceptación de las diferencias.
El encuentro cerró con una reflexión sobre el papel del cuidador, muchas veces invisible para la sociedad. Este rol implica un compromiso constante que, sin apoyo, puede afectar seriamente la salud física y emocional de quien cuida. Se destacó la necesidad de un “maletín de recursos” que incluya información clara sobre la enfermedad, contactos útiles para actuar durante las crisis y redes de ayuda mutua.
Finalmente, se hizo un llamado a toda la comunidad para romper el estigma, informar y construir espacios inclusivos. El conocimiento y la empatía fueron señalados como las herramientas más poderosas para transformar la experiencia de vivir con esquizofrenia y acompañar a quienes la enfrentan día a día.




