Cada 29 de agosto se celebra en Argentina el Día del Árbol, instaurado en 1900 por el Consejo Nacional de Educación para resaltar su rol esencial en la vida humana y en el equilibrio de los ecosistemas. Esta fecha invita a reflexionar sobre la importancia de proteger y restaurar los bosques nativos, verdaderos reservorios de biodiversidad que regulan el clima y sostienen servicios ambientales indispensables: producción de oxígeno, captura de carbono y conservación del suelo y del agua.
En este marco, la Secretaría de Ambiente y Conservación de los Recursos Naturales de la Universidad Nacional de La Plata comparte un artículo para sensibilizar a la comunidad sobre la preservación del patrimonio arbóreo y promover prácticas sostenibles que garanticen su continuidad para las generaciones futuras.
Por Gustavo Delucchi*
Introducción
Los árboles y el arbolado urbano son componentes fundamentales en la estructura de las ciudades, conformando lo que se denomina actualmente “bosque urbano”. La ciudad de La Plata y su área de influencia poseen un patrimonio arbóreo destacado, tanto por su riqueza como por su historia. Este artículo recorre la presencia de especies nativas en el arbolado público platense, desde el período previo a la fundación de la ciudad hasta las incorporaciones recientes.
Arbolado previo a la fundación de la ciudad de La Plata
Antes del 19 de noviembre de 1882, fecha de fundación de la ciudad de La Plata, el territorio que ocupa actualmente la ciudad albergaba formaciones vegetales de gran interés ecológico. Por un lado, se encontraban remanentes de la Selva Paranaense en Punta Lara, intercalados con bosques ribereños donde crecían especies como el sauce criollo (Salix humboldtiana) y el ceibo (Erythrina crista-galli). Entre otras especies notables de este ambiente se encuentran el canelón (Myrsine laetevirens), el laurel (Ocotea acutifolia), la yerba de bugre (Lonchocarpus nitidus), el lecherón (Sebastiania brasiliensis), el curupí (Sapium haematospermum) y la espina de bañado (Citharexylum montevidendis).
Por otro lado, en los antiguos cordones de conchillas se desarrollaban los talares, un tipo de bosque xerófilo dominado por el tala (Celtis tala) y el coronillo (Scutia buxifolia), acompañados por el ombú (Phytolacca dioica), el molle o incienso (Schinus longifolius) y la sombra de toro (Jodina rhombifolia). En forma residual, persisten el churqui (Vachellia caven) y el algarrobo blanco (Prosopis alba).
Aunque muchas de estas especies no fueron integradas al diseño urbano fundacional, los talares se conservaron en espacios verdes importantes como el Parque Pereyra Iraola o el Paseo del Bosque. Es probable que algunos ombúes notables, como los que se encontraban en Plaza Italia, fueran anteriores a la fundación y se hayan preservado durante la urbanización.
Arbolado en los primeros años de la ciudad
Desde sus inicios, el arbolado platense incorporó algunas especies nativas. El ceibo fue plantado en plazas y parques por su llamativa floración roja (Figura 1) y posteriormente fue designado árbol nacional de Argentina y Uruguay. En algunos espacios como el Bosque, Parque Saavedra y Plaza Moreno, también se encuentra el ceibo de Jujuy (Erythrina falcata), de porte más arbóreo.
Del ecosistema de los talares, se cultivaron el tala y el ombú (Figura 2). El tala fue declarado árbol provincial de Buenos Aires y crece espontáneamente en diversos sectores de la ciudad y áreas aledañas como Magdalena y Punta Indio. El ombú, por su parte, fue utilizado como árbol ornamental desde la época colonial y es común en parques y ramblas. En La Plata, aún pueden observarse ejemplares notables en el Parque Saavedra y en varias ramblas de la ciudad.
Otras especies introducidas en esta etapa fueron la palmera pindó (Syagrus romanzoffiana) (Figura 3), originaria del norte del país, y el pino Paraná (Araucaria angustifolia), típico de la selva misionera y de la meseta del Planalto brasileño


Arbolado a partir de la década de 1920
Inspiradas en las plantaciones de Carlos Thays en Buenos Aires, en los años 20 se incorporaron especies del noroeste argentino como el jacarandá (Jacaranda mimosifolia) y la tipa (Tipuana tipu), visibles actualmente en la diagonal 73 y en varias calles y plazas (Figuras 4). También se introdujeron los palos borrachos: el samohú o rosado (Ceiba speciosa) y el yuchán o blanco/amarillo (Ceiba chodatti), ambos del Chaco húmedo y seco, respectivamente. En La Plata, el palo borracho rosado es el más frecuente (Figura 5).


Incorporaciones recientes
En la década de 1990, los lapachos (Handroanthu ssp.) comenzaron a plantarse en plazoletas y avenidas de la ciudad, con floraciones que van del rosado al blanco o amarillo, destacándose por su belleza (Figura 6). Más recientemente, se incorporó el guarán amarillo (Tecoma stans), que se ha plantado en accesos y zonas céntricas.

Perspectivas futuras
Si bien un arbolado completamente nativo en contextos urbanos resulta improbable, la historia platense muestra una tendencia creciente hacia la incorporación de especies autóctonas. Este proceso, que comenzó de forma lenta y puntual, ha ganado fuerza en las últimas décadas, permitiendo imaginar una ciudad donde el arbolado urbano refleje cada vez más la identidad ecológica regional.
*Filiación del autor: Facultad de Ciencias Naturales y Museo y Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, Universidad Nacional de La Plata
Referencias
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