En un mundo donde un insecto microscópico puede alterar cosechas enteras y generar grandes pérdidas para nuestro país, estudiar y estar informados es la primera línea de defensa. Por eso, en Bajo La Lupa, nuestros expertos te cuentan todo lo que hay que saber. Se trata del Dr. Alvaro Foieri y la Dra. Bárbara S. Defea, del Laboratorio de Auchenorrhyncha de la División Entomología, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia.
Cuando pensamos en plagas agrícolas solemos imaginar grandes nubes de langostas o gusanos que arrasan campos enteros. Pero, muchas veces, los insectos que más afectan a la producción son diminutos, silenciosos y pasan casi inadvertidos. Ese es el caso de los Auquenorrincos, un grupo de pequeños insectos saltadores donde se encuentran las chicharras, chicharritas y afines.
Aunque conviven con nosotros desde siempre —¿quién no escuchó en verano el “canto” ensordecedor de las chicharras?, o de noche, al encender las luces de nuestras casas, cientos de pequeños insectos aparecen— su principal importancia no pasa desapercibida. Numerosas especies de este grupo de insectos, que se alimentan solo de plantas, son importantes vectores de patógenos que pueden afectar seriamente a los cultivos; recientemente, una de ellas se volvió protagonista de portales de noticias en nuestro país: la chicharrita del maíz Dalbulus maidis.
Auquenorrincos: músicos del verano, pero también plagas silenciosas
Este grupo de insectos tiene una enorme diversidad; están las chicharras, que llenan el aire estival con sus “cantos” característicos —un sonido que generan tanto los machos como las hembras, a través de un órgano de canto ubicado en su abdomen—, y también otras especies más pequeñas y “silenciosas” a nuestro oído, que abundan en la vegetación de áreas naturales, cultivos y de nuestros jardines. Todos comparten algo: se alimentan punzando las plantas y succionando su savia, lo que puede llegar a afectarlas gravemente.
Esta forma de alimentarse los convierte en herbívoros clave dentro de muchos ecosistemas… pero también, en enemigos peligrosos de la agricultura, porque mientras se alimentan pueden inyectar microorganismos patógenos (virus, bacterias, fito/espiroplasmas) que causan diversas enfermedades a cultivos cerealeros (maíz, arroz), forestales (cítricos, olivos), ornamentales y pasturas, entre otros.



Dalbulus maidis: de insecto ignorado a plaga estrella
Durante décadas, la introducción a nuestro país de la chicharrita del maíz, Dalbulus maidis, pasó desapercibida. Desde su primera detección en la Argentina, hace aproximadamente 25 años, y desde entonces, los especialistas advierten incrementos cíclicos en la ocurrencia e incidencia de las enfermedades transmitidas por este insecto en el norte de nuestro país. Sin embargo, su importancia explotó en los últimos años, especialmente durante la campaña agrícola 2023/2024, cuando la Argentina enfrentó una emergencia sanitaria sin precedentes en el cultivo de maíz.
¿Por qué este pequeño insecto desató semejante crisis? Al alimentarse no sólo “lastima” a la planta, sino que también, vehiculiza un complejo de patógenos que causan el llamado “Achaparramiento del maíz”, una serie de enfermedades que pueden comprometer seriamente la producción maicera. Por este motivo, algunos especialistas la consideran un “super vector”.
Qué transmite y por qué es tan grave
Esta chicharrita transmite cuatro patógenos principales, entre ellos bacterias del tipo mollicutes y virus que, solos o combinados, desencadenan el “Raquitismo o Achaparramiento del maíz”. Las plantas infectadas quedan bajas, deformadas, con hojas amarillentas y un rendimiento dramáticamente reducido.
Para dimensionar el problema:
- Incluso sin patógenos, una alta presencia de chicharritas puede reducir hasta un
40% el follaje y un 60% del sistema radicular en plántulas jóvenes. - Y cuando hay transmisión de enfermedades, las pérdidas pueden abarcar regiones
enteras.
Un insecto especialista en maíz
Al igual que sus congéneres, y como consecuencia/resultado de su coevolución con el maíz, esta chicharrita tiene preferencias muy claras, se alimenta y completa su ciclo casi exclusivamente en plantas del género Zea — es decir, maíz y teocintles. También, puede usar ocasionalmente otra gramínea cercana (Tripsacumsp.), pero su desempeño óptimo es siempre en maíz. Esto, la convierte en una plaga altamente adaptada, capaz de encontrar el cultivo incluso en paisajes mixtos. Y aunque a veces se la vea posada en otras plantas, no puede alimentarse ni reproducirse en ellas.
La brecha entre la ciencia y el campo
Aunque hay mucha información científica publicada sobre esta especie, gran parte no llega en forma inmediata al sector productivo, lo que dificulta la toma racional de decisiones y el accionar sobre el manejo de esta plaga. En varios países de América Latina —incluyendo Argentina— Dalbulus maidis pasó de ser una plaga secundaria, especialmente en zonas productoras del norte, en las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Salta y Tucumán, a una amenaza principal en un tiempo muy corto. Esto, no es más que otra evidencia acerca de la importancia de mejorar los canales de comunicación entre el sector científico y el productivo.
Por qué debería importarnos
El maíz es uno de los pilares de la producción alimentaria de nuestro país. Su cultivo sostiene cadenas ganaderas, industrias, exportaciones y, en definitiva, la mesa de millones de personas.
Es así que, el conocer, enfocar y profundizar los estudios de esta chicharrita —y a los insectos que la acompañan— no es un detalle técnico: es clave para proteger la seguridad alimentaria y reducir pérdidas millonarias. Aunque son destacables los avances que se están sucediendo día a día que permiten incorporar técnicas de manejo más adecuadas, conocer cómo viven, cómo se comportan y alimentan estos pequeños insectos es fundamental para anticiparse y tomar medidas.
En el contexto actual de nuestro país, caracterizado por el desfinanciamiento y el cuestionamiento a las ciencias básicas y a la educación superior, resulta fundamental destacar el rol crucial de este tipo de estudios, dado que constituye el pilar sobre el cual se sustenta, posteriormente, el diseño e implementación de estrategias orientadas al manejo de estas plagas.






