Las frecuentes inundaciones y otras perturbaciones debidas al cambio climático y el aumento de la vulnerabilidad social en algunas poblaciones ocasionaron el resurgimiento de esta enfermedad, afectando a personas de todo el espectro socioeconómico. La Dra. Paula Lorena Martín, de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata, describe la situación epidemiológica de esta zoonosis que recientemente causó el fallecimiento de un trabajador en Enseñada.
La leptospirosis es una enfermedad bacteriana, causada por espiroquetas del género Leptospira, que afecta al ser humano y a numerosas especies animales. Presenta importancia en salud pública por ser una zoonosis, es decir, una enfermedad infecciosa transmisible desde animales al ser humano. Además, tiene un impacto negativo en la producción ganadera dado que provoca pérdidas económicas vinculadas a problemas reproductivos.
La enfermedad es de distribución mundial, siendo su impacto mayor en países subdesarrollados con climas tropicales y subtropicales húmedos, donde las condiciones socioeconómicas y ambientales permiten la supervivencia del agente y la transmisión entre especies. Sin embargo, en la actualidad, la combinación del cambio climático y las alteraciones sociales (derivadas de pandemias) han incrementado la vulnerabilidad de algunas poblaciones y ocasionado el resurgimiento de esta enfermedad en países desarrollados y en personas de todo el espectro socioeconómico.



¿Qué la produce?
La enfermedad es producida por bacterias del género Leptospira para el cual se describen actualmente 69 especies que se dividen en 2 grupos: patógenas (especies que causan enfermedad en seres humanos y animales) y saprófitas (especies que viven en el medio ambiente y raramente se asocian con infecciones en mamíferos). La mayoría de los casos de leptospirosis en seres humanos y animales de nuestro país se deben a infecciones con L. interrogans, L. borgpetersenii y en menor medida por L. broomii y L. wolffii.
Con respecto a su ciclo de vida, las leptospiras presentan la particularidad de infectar a un gran número de especies animales tanto domésticas como silvestres. Por un lado, se describen hospedadores de mantenimiento (reservorios), en los que el efecto patogénico es nulo o muy leve y las bacterias son eliminadas al ambiente con la orina. Por otra parte, existen hospedadores accidentales que al contraer la infección presentan una enfermedad clínica más severa.
¿Cómo se transmite?
La transmisión de la leptospirosis en seres humanos y animales depende de tres pilares fundamentales: animales que actúen como hospedadores reservorios, la virulencia y persistencia de las leptospiras en el ambiente, y las interacciones posteriores entre seres humanos, animales y el ambiente.
Una amplia variedad de animales domésticos y silvestres pueden actuar como portadores subclínicos, no obstante, los roedores (especialmente Rattus norvegicus) son considerados los más importantes debido a la alta prevalencia de infección y a la alta concentración de leptospiras presentes en su orina. Por su parte, las especies domésticas como los caninos cobran importancia en ambientes urbanos dada la cercanía con el grupo familiar mientras que los animales como bovinos, cerdos y equinos presentan relevancia en ámbitos rurales o en actividades laborales destinadas a su manejo y cuidado.
Riesgos en relación al ambiente
En relación con la virulencia y persistencia de las leptospiras en el medio es relevante destacar que la carga ambiental de bacterias patógenas estará determinada por la presencia de animales que la eliminen mediante la orina. La persistencia dependerá de que las condiciones ambientales le sean óptimas para su sobrevida y replicación, tales como los suelos saturados de agua consecuencia de fuertes lluvias o inundaciones.
Finalmente, las interacciones entre seres humanos, animales y el medio ambiente son determinantes en la presentación de la enfermedad. En este sentido, las siguientes tareas son consideradas como factores de riesgo para contraer leptospirosis, cuando no se cuenta con la adecuada protección personal:
- Actividades en ambientes urbanos y periurbanos vinculadas a recolección de residuos, clasificación de material para reciclaje, limpieza en canales, trabajo en alcantarillas, tareas de jardinería, albañilería, profesión veterinaria, o aquellas actividades que se desarrollen en contacto con ambientes contaminados.
- Actividades en ambientes rurales, como manejo de animales domésticos (bovinos, porcinos, equinos), agricultura en áreas anegadas.
- Actividades recreativas o deportivas que incluyan el contacto con aguas estancadas potencialmente contaminadas con orina de roedores y/o caninos u otros animales domésticos o silvestres.
- Actividades en zonas afectadas por inundaciones o catástrofes naturales.
Los seres humanos y animales pueden contraer la infección por contacto directo con la orina de infectados o en ámbitos rurales por contacto con materiales de aborto u órganos de animales muertos. Mientras que la forma de contagio indirecta se presenta al exponerse a ambientes como suelos anegados, agua de inundación, ríos o arroyos, agua del grifo no potable, suelo húmedo o alimentos contaminados con orina. La infección se produce tras el ingreso de la bacteria a través de membranas mucosas (boca, nariz y ojos), heridas en la piel o piel reblandecida por contacto prolongado con agua.
¿Qué consecuencias tiene para animales y seres humanos?
La leptospirosis es endémica en Argentina, dado que el agente patógeno permanece constante en la población y produce casos esporádicos. A pesar de ello, existe un riesgo latente de desarrollar brotes epidémicos. En la aparición de estos últimos, factores ambientales, sociales y económicos son determinantes siendo más frecuentes durante inundaciones o períodos de lluvias intensas. En cuanto a su presentación, la leptospirosis constituye una causa frecuente de síndromes febriles indiferenciados, confundiéndose muchas veces con enfermedades tales como dengue, hantavirus, gripe, hepatitis y fiebre hemorrágica. Las formas clínicas varían desde un cuadro febril leve, similar a una gripe, hasta una enfermedad multisistémica grave asociada con insuficiencia renal aguda, daño hepático y con menor frecuencia hemorragia pulmonar, meningitis y pancreatitis (figura 1).
La leptospirosis en animales de compañía y de producción también presenta carácter endémico. Los brotes aparecen generalmente en animales expuestos a zonas anegadas o tras la introducción de animales infectados a una población no inmunizada. En caninos, la mayoría de las infecciones son subclínicas, pero cuando se presenta la enfermedad, se caracteriza por letargo, fiebre, inapetencia y poliuria/polidipsia pudiendo acompañarse de disfunción multiorgánica con lesión renal, hepática y con menor frecuencia pancreatitis, hemorragia pulmonar y uveítis. En animales de producción, la presentación clínica más frecuente es la aparición de fallas reproductivas (abortos, mortinatos y enfermedades neonatales). En el caso particular de los equinos, pueden manifestarse afecciones oculares (figura 2).

El diagnóstico de la leptospirosis representa un desafío para los clínicos debido a que no existen signos característicos, por lo cual, la confirmación de la enfermedad requiere del análisis de datos en tres niveles: epidemiológico, clínico y de laboratorio.
Dentro de los métodos de diagnóstico, la reacción en cadena de polimerasa (PCR) detecta el ADN de Leptospira en diferentes tipos de muestras clínicas (sangre, suero, orina). La principal ventaja de este método es que puede dar un resultado positivo en pocas horas permitiendo la instauración del tratamiento en forma precoz.
¿Qué cuidados debemos tener?
La prevención es la herramienta más eficaz para combatir la leptospirosis. No existe una única medida, sino que requiere un enfoque integral que abarque la protección personal, el control del ambiente, la vacunación y manejo adecuado de los animales enfermos para reducir el riesgo de transmisión.
En lo personal, se recomienda usar ropa protectora como botas altas y guantes en ambientes de riesgo, evitar nadar o bañarse en aguas estancadas o de curso lento, lavarse las manos con agua y jabón después de tener contacto con animales o con tierra potencialmente contaminada, proteger los cortes y rasguños en la piel con vendajes impermeables, hervir el agua para consumo (si no es potable) y concurrir precozmente a un servicio de salud en presencia fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares si ha estado realizando actividades y/o trabajos en los que se pudiera haber estado expuesto.
El control ambiental requiere un manejo efectivo de roedores en el hogar y sus alrededores, un buen saneamiento para la eliminación de basuras y un drenaje adecuado para evitar la acumulación de agua.
La detección y diagnóstico precoz de animales enfermos permiten, por un lado, prevenir nuevos contagios y diseminación de la enfermedad y por el otro, mejorar el pronóstico si se inicia el tratamiento en forma temprana. Asimismo, la vacunación de los animales no sólo los protege de la enfermedad grave, sino que también reduce la eliminación de la bacteria en la orina, disminuyendo así el riesgo para seres humanos y otras especies con los que conviven.
Finalmente, la educación y concientización de las personas sobre las formas de contagio, signos de alerta y formas de prevención, así como la notificación de los casos humanos y caninos en los sistemas de vigilancia pertinentes constituyen medidas adicionales que contribuyen al control de la enfermedad.
La gestión de la leptospirosis requiere un enfoque de “Una Salud” (One Health), que integre la vigilancia y prevención en la salud humana, animal y ambiental mediante un trabajo interdisciplinario de los equipos de salud. La educación pública sobre los riesgos de exposición, el control efectivo de roedores, la detección y tratamiento de enfermos, la notificación de los eventos y la vacunación animal, son pilares fundamentales para mitigar su impacto y reducir la morbilidad y mortalidad asociadas.


