El intenso disfrute que se produce al generar música de modo colectivo, la sensación de unidad que surge en los grupos, y la profunda la conexión emocional que ocurre entre coreutas y director son algunos de los factores que explican un fenómeno universal: a las personas nos encanta cantar en coros. En la comunidad de la Universidad Nacional de La Plata, por ejemplo, hay un coro Universitario, uno de Cámara y otro Juvenil. Además existe uno del del gremio de docentes y varios más en distintas facultades y colegios, como Económicas, Exactas y Odontología.
Por eso, no sorprende que en la UNLP se desplieguen también investigaciones sobre el canto coral. De hecho, ese es uno de los temas de investigación del Dr. en Artes Manuel Alejandro Ordás, investigador del Laboratorio para el Estudio de la Experiencia Musical, dependiente de la Facultad de Artes.
Lejos de funcionar como un grupo uniforme subordinado al director, Ordás concibe al coro como un organismo con una ´vida interna´ compleja: “muchas veces el coro no habla como un único organismo, como un todo uniforme, sino que hay muchas voluntades y subjetividades (a veces hasta enfrentadas) en un pedido o sugerencia, y el director debería poder saber leer también esas individualidades, unificarlas, y guiarlas hacía una única intención o idea.”
Cantar diverso
Pero, ¿qué son y por qué aparecen las diversidades musicales en un coro? Para responder estas preguntas es que Ordás toma como objeto de estudio las interacciones entre cantantes y director durante la ejecución coral.
“No toda la diversidad debe interpretarse como cantar mal.” aclara. Tradicionalmente, la variabilidad vocal dentro del coro (o dentro de las cuerdas) se la entendía como el resultado de errores en la ejecución. Sin embargo, el investigador propone considerarla de una manera diferente, entendiéndola como resultado de procesos internos diversos, con los que el director tiene que trabajar para lograr los niveles de homogeneidad deseables. Por eso, se propuso analizar mediante herramientas digitales la variabilidad interna de un coro, a la búsqueda de identificar y describir algunas situaciones interesantes.
Para uno de los estudios incluidos en su de tesis doctoral, Ordás filmó ensayos del coro vocacional estable del Hospital El Cruce-Alta Complejidad en Red Dr. Néstor Carlos Kirchner en Florencio Varela. Eligiendo para el estudio un arreglo de Diego Sarquis de la obra De música ligera, con música de Gustavo Cerati, y simuló un ambiente de concierto en el lugar de su ensayo habitual. Mediante micrófonos individuales registró la voz de cada coreuta por separado, y usó marcadores de seguimiento – o trackeo – para capturar el movimiento de la cabeza, manos y hombros del director. Con este material, pudo superponer la ejecución de cada participante a los perfiles de movimiento del director y analizar la coordinación.



Hay un adelantamiento en mi coro
Un resultado interesante del estudio, publicado en Calle 14, una revista de investigación en el campo del arte, es que aunque es el director quien conduce la temporalidad general de la obra, en las distintas cuerdas ocurren aceleraciones y desaceleraciones de milésimas de segundo, y que se compensan para mantener el ´tempo´. Pero estos apartamientos de lo que indica el director no son errores sino una manera de cantar o interpretar. “La compensación pareciera ser una característica humana adaptativa del sistema dinámico de la performance, y así, parece ser el comportamiento general del coro”, expresa Ordás.
Pero existen variabilidades que tienen otro origen. A modo de ejemplo, el investigador relata que si el director marca la corchea a los varones con la cabeza y luego hace un gesto con un cambio repentino de velocidad y trayectoria de las manos, entonces las sopranos llegan temporalmente antes, es decir, hay un adelantamiento de su entrada. “Es factible concluir que la variabilidad del sonido de las sopranos estuvo relacionada con una posible mala interpretación de esa doble clave visual del movimiento de la cabeza y las manos”, razona Ordás.
La homogeneidad es una propiedad a construir. ¿Cómo? “En un futuro ensayo, por ejemplo, se esperaría que el director les diga a las sopranos: ´miren las manos y no la cabeza´, y a los bajos: ´miren la cabeza y no las manos´.”
Así, el desempeño en el coro no depende solo de la escucha o los gestos convencionales de quien dirige, sino que los coreutas despliegan una compleja red de claves multimodales que incluyen aspectos visuales, auditivos, espaciales y de movimientos. Ordás explica que los coreutas utilizan y perciben señales de diversas fuentes (director, otros coreutas, el entorno) Por ejemplo, el movimiento propio y de los compañeros, refuerza la sincronía durante el canto.
La investigación de Ordás critica la visión tradicional del coro, revelando que el coro es un conjunto de subjetividades con una rica variabilidad interna y relaciones multidireccionales entre los coreutas y con el director, que son parte de un “sonido grupal honesto”, sin anular la individualidad. “Abogamos a que la investigación futura contribuya a la pedagogía de la dirección coral reformulando su ontología, sin silenciar la individualidad y entendiendo la variabilidad como una construcción del sonido coral”, concluye el investigador.


