Día Nacional de la Conciencia Ambiental

    Comprender y actuar frente al problema de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos

    Ambrosi, V.M.1,3, Bellavita, J.L.1,3, Castro, N.E.1,3, Bergamini, L.A.3, Vega, E.F 1,2,3

    El problema de los e-residuos

    Vivimos en una época donde la tecnología define nuestra forma de comunicarnos, informarnos, trabajar, estudiar y relacionarnos. Desde los electrodomésticos hasta complejos dispositivos inteligentes, la tecnología se ha integrado en cada rincón de nuestra vida y cada vez más dependemos de ellos. Esto trae como consecuencia negativa el aumento exponencial en la generación de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), también conocidos como e-residuos, que representan hoy uno de los flujos de desechos de mayor crecimiento a nivel mundial con grandes desafíos por resolver.

    Según Global E-Waste Monitor 2024 (Baldé et al.), en 2022 se estimó la generación de 62 millones de toneladas de RAEE a nivel mundial. Para el mismo año fue estimado en Argentina, una generación de 517.000 toneladas, con una tasa per cápita de 10 a 15 kg. Solo una pequeña fracción de estos residuos fue gestionada adecuadamente. Los índices de recogida se estimaron en 2,9%, que equivale a 1,3 millones de kg de RAEE a nivel nacional.

    La problemática no solo implica una dimensión cuantitativa cómo la citada anteriormente, sino que también implica una dimensión cualitativa y multicausal, de la que mencionaremos ciertos aspectos.

    Por un lado, hay un problema ambiental. Estos residuos contienen metales pesados, compuestos orgánicos persistentes (por ejemplo, los retardantes de llama) y otros elementos contaminantes. Cuando se desechan de manera informal, en basurales o con la basura orgánica, pueden liberar sustancias peligrosas que contaminan suelos, napas de agua y el aire que respiramos, afectando así la salud humana y animal, y degradando nuestro ambiente (Fig. 1).

    Figura 1. Acumulación de basura electrónica en diversos ámbitos. Fuente: Balde et al., (2024),
    Repositorio gratuito Freepik e imagen propia.

    Por otro lado, visto desde una perspectiva social asociada a los RAEE mientras muchas personas descartan dispositivos como e-residuos otras carecen de acceso a dispositivos para estudiar, trabajar y comunicarse. Esta contradicción muestra las desigualdades, y plantea una deuda ética, social y política en relación con el uso, acceso y descarte de la tecnología ya que gran parte de los dispositivos descartados podrían ser reacondicionados y reutilizados en un modelo de economía circular.

    El modelo de producción y consumo actual “de la cuna a la tumba”, basado en prácticas de extractivismo intensivo, obsolescencia (real, programada, inducida y percibida) y el desecho prematuro, imponen presiones crecientes sobre los ecosistemas urbanos y naturales. La transición hacia un modelo “de la cuna a la cuna” basado en el concepto de economía circular y social es una necesidad urgente: no sólo para reducir la presión sobre los recursos naturales no renovables, sino también para cerrar brechas sociales y digitales, generar fuentes de trabajo, evitar impactos sanitarios y ambientales, y promover un uso más consciente, responsable y justo de la tecnología.

    ¿Qué son los RAEE?

    Los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, conocidos como RAEE, son todos aquellos dispositivos que, para funcionar, necesitan corriente eléctrica o campos electromagnéticos, y que han sido descartados por sus usuarios por diversos motivos.

    La Resolución N°522/2016 del ex ministerio de Ambiente de la Nación los describe como a todos aquellos aparatos que necesitan corriente eléctrica o campos electromagnéticos para funcionar correctamente, y los aparatos necesarios para generar, transferir y medir tales corrientes y campos, que han dejado de ser útiles para el poseedor o son descartados por este. Estos residuos son descartados por múltiples causas que van desde fallas técnicas, envejecimiento, reemplazo por versiones más nuevas, entre otras.

    Además, el Convenio de Basilea, acuerdo internacional sobre el manejo de residuos peligrosos, también los define como objetos completos, piezas o restos de equipos eléctricos y electrónicos que fueron descartados por sus usuarios, ya sea antes o al final de su vida útil.

    La mayoría de las normativas, incluyendo a la Argentina, emplean una clasificación por categorías, que organiza los RAEE según su función y características físicas. En estas, se reconocen generalmente 10 categorías principales (Fig. 2).

    Figura 2. Categorías de Aparatos Eléctricos y Electrónicos. Fuente: Universidad Pontificia Bolivariana

    Se debe tener en cuenta que las pilas, baterías, lámparas y cartuchos de impresión quedan excluidos por ser considerados residuos peligrosos (especiales), que tienen regulación y tratamiento específico.

    La clasificación por categorías es importante porque determina los métodos de gestión (ver sección ¿Cómo deben ser gestionados los RAEE?), los tratamientos adecuados, y los riesgos ambientales y sanitarios asociados a cada tipo de residuo. Por ejemplo, un equipo médico, una heladera, un panel solar o una tostadora requieren procesos muy diferentes de desmontaje, por ello es muy importante la formación técnica y especializada del personal que lleve a cabo dicha tarea. La correcta identificación y clasificación de los RAEE es el primer paso para avanzar hacia una gestión responsable y segura, aplicando el concepto de separación en origen.

    ¿Con qué elementos están fabricados los AEE?

    Los Aparatos Eléctricos y Electrónicos (AEE) están compuestos por una compleja combinación de materiales que incluyen desde metales preciosos hasta sustancias peligrosas. Según el Global E-Waste Monitor 2024, su composición promedio se distribuye de la siguiente manera: un 50% corresponde a metales como hierro, cobre, aluminio, plomo, zinc, estaño, níquel, oro y paladio; entre un 25% y 30% a plásticos utilizados en carcasas, cables y aislantes; y el 20% restante incluye vidrio, materiales cerámicos y otros componentes.

    Además, los AEE contienen elementos críticos como litio, cobalto y tierras raras, fundamentales para la fabricación de tecnologías avanzadas. Sin embargo, la extracción de estos recursos conlleva serios impactos ambientales y sociales, incluyendo conflictos armados, explotación laboral y pérdida de biodiversidad. Muchos de estos materiales enfrentan riesgos de agotamiento, lo que podría imposibilitar su obtención y encarecer sus costos en el futuro.

    En el contexto de economía circular puede considerarse a los RAEE como una “mina urbana” a donde ir a extraer recursos para su reinserción en la cadena productiva. Por ejemplo, una tonelada de placas electrónicas puede contener más oro que una tonelada de mineral extraído de una mina, además de ser un proceso menos contaminante que la minería convencional. Sin embargo, más del 60% de estos materiales valiosos se pierde cada año, debido a prácticas informales o la ausencia de infraestructura de reciclaje (Baldé et al., 2024).

    ¿Cómo deben ser gestionados los RAEE?

    Por su peligrosidad y su valor estratégico, los RAEE no deben desecharse junto con los residuos sólidos urbanos (RSU). Requieren un sistema de gestión específico, planificado y controlado que evite riesgos ambientales y sanitarios, y al mismo tiempo permita recuperar materiales y promover su reutilización responsable.

    Desde el punto de vista de los consumidores la gestión incluye:

    1. Separar en origen (hogares, escuelas, oficinas, empresas, instituciones, etc): se deben separar por tipos de dispositivos, sin mezclarlos con restos orgánicos ni almacenarlos a la intemperie, colocarlos en bolsas o cajas con etiquetado.
    2. Entregar a programas o empresas habilitadas: se recomienda entregarlos a gestores refuncionalizadores o recicladores certificados, quienes pueden reacondicionar los equipos para su donación o venta, o desmontarlos para recuperar materiales en forma segura.
    3. Evitar la informalidad: no desmantelar sin medidas de seguridad, ni desechar en cestos de basura junto a RSU, ni dejar en la vía pública, ni entregar a recicladores informales ya que esto multiplica los riesgos ambientales y sanitarios, para ellos y la comunidad en general.

    A diferencia de la mirada del consumidor, desde el enfoque de los programas y empresas habilitadas para la gestión de RAEE se consideran diversas,etapas, que pueden variar en complejidad según el tipo de e-residuo, pero que generalmente incluyen:

    1. Recolección diferenciada / recepción: los RAEE deben ser separados desde el origen y entregados a través de sistemas formales: centros de acopio, campañas de recolección, programas institucionales o puntos limpios. Esta etapa incluye el registro e inicia el proceso de trazabilidad del material recibido.
    2. Almacenamiento transitorio: una vez recibidos, los RAEE deben almacenarse en condiciones adecuadas, bajo techo, clasificados por tipo, con protección contra la humedad y/o roturas. El almacenamiento seguro evita daños como pérdidas de materiales/dispositivos reutilizables, o liberación de contaminantes y sustancias tóxicas.
    3. Diagnóstico técnico y clasificación: cada equipo debe ser evaluado por técnicos capacitados para determinar si es reutilizable, reparable, parcialmente útil (aprovechamiento de componentes) o si debe destinarse directamente a reciclaje o disposición final. Esta etapa es clave para priorizar la reutilización sobre el reciclaje, según la jerarquía gestión de residuos.
    4. Reutilización / refuncionalización: los equipos que aún tienen vida útil son reacondicionados. Esto incluye: limpieza, reparación, cambio de componentes, instalación de software (de acuerdo al tipo de aparato) y pruebas de funcionamiento. En el caso de equipos informáticos, también deberá realizarse el borrado seguro de datos personales. Los dispositivos funcionales pueden luego ser redistribuidos o vendidos como equipos de segunda mano.
    5. Desmantelamiento y valorización de componentes: los equipos que no pueden ser reutilizados son desmontados de forma segura. Se separan y clasifican materiales/componentes: metales, plásticos, placas electrónicas, cables, carcasas, entre otros. Estos componentes pueden reutilizarse o enviarse a recicladores autorizados.
    6. Reciclaje especializado: algunos materiales/componentes, como las placas electrónicas, deben ser enviados a plantas de reciclaje específicas (internacionales cómo las refinerías de oro), donde se recuperan metales preciosos y tierras raras mediante procesos fisicoquímicos. El reciclaje debe garantizar el cumplimiento de normas ambientales y laborales de cada país.
    • Tratamiento y disposición final de residuos peligrosos o no valorizables: los residuos que no pueden ser reutilizados ni reciclados (como componentes dañados, pilas, baterías deterioradas, cartuchos de impresión, pantallas y monitores no funcionales con plomo y mercurio, etc.) deben ser tratados según normativa vigente y enviados a rellenos de seguridad o plantas de disposición final habilitadas para residuos peligrosos o especiales.
    • Trazabilidad y certificación: todo el proceso debe estar debidamente documentado y trazado, desde la recepción hasta la salida de materiales, componentes o dispositivos. En aquellas provincias que contemplan la figura del reparador o refuncionalizador de RAEE —como la provincia de Buenos Aires— se emiten certificados de gestión responsable, con el fin de garantizar la transparencia en los circuitos de refuncionalización y reparación. Por su parte, los operadores de RAEE emiten certificados de gestión que aseguran la trazabilidad y la transparencia en los procesos de reciclaje y/o disposición final, conforme a la normativa nacional y/o provincial vigente.

    ¿Reciclaje, reutilización o refuncionalización?

    Todas estas estrategias son necesarias, pero no son procesos equivalentes. La reutilización y refuncionalización permiten extender la vida útil de los equipos ya sea para su mismo uso o utilizando partes para un fin distinto del inicial. Luego, se pueden destinar a programas educativos, sociales o comunitarios, generando inclusión digital, reduciendo la necesidad de fabricar nuevos productos. Ambas estrategias son más eficientes desde el punto de vista energético y ambiental que la del reciclaje.

    Como explica AERESS, Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria, la reutilización de un equipo informático permitiría ahorrar entre 1.500 y 2.000 litros de agua, la emisión de hasta 150 kg de CO₂, además de recursos económicos que implicaría la fabricación de un equipo nuevo.

    El reciclaje es el proceso por el cual se vuelve a recuperar parte de la materia prima con la cual fueron manufacturados los equipos. Este proceso puede realizarse localmente (por ejemplo, metales, plásticos) o con exportación a refinerías especializadas (por ejemplo, placas electrónicas, discos). Si bien el reciclaje es una técnica útil, comparada con la reutilización/refuncionalización, implica un mayor consumo energético, de agua, además de generar otros residuos industriales.

    El concepto de jerarquía de gestión de residuos indica que siempre debe priorizarse la reducción del consumo, luego implementar estrategias de reparación, refuncionalización, reutilización antes que la del reciclaje. Solo lo que no se puede reparar, refuncionalizar, reutilizar debería desmontarse para recuperar sus materiales.

    ¿Qué legislación es aplicable en la gestión de los RAEE?

    En Argentina, no existe aún una ley nacional específica que regule integralmente la gestión de RAEE. Esto genera vacíos legales, no establece la responsabilidad del productor/comercializador, no da incentivos y fomenta el crecimiento de circuitos informales. En su ausencia, el entonces Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación —a través del Manual de Buenas Prácticas para la Gestión Sostenible de RAEE en el ámbito de la Administración Pública Nacional (Resolución 578/2023)— reconoce explícitamente que el marco normativo vigente es fragmentario, pero que sí existen leyes y regulaciones aplicables por analogía o por inclusión parcial:

    • Constitución Nacional – Art. 41: garantiza el derecho a un ambiente sano y exige a las autoridades prevenir daños ambientales y proteger los recursos naturales.
    • Ley General del Ambiente (N.º 25.675): establece principios rectores de la política ambiental nacional.
    • Ley de Residuos Peligrosos (N.º 24.051): varios componentes de RAEE (pilas, baterías, tubos fluorescentes, pantallas con mercurio, refrigeradores con CFCs, etc.) están alcanzados por esta ley.
    • Ley 25.612 de Gestión de Residuos Industriales y de Servicios: aplica cuando el generador de RAEE es una empresa, organismo o institución (no un particular) que realiza actividades de servicios o industriales.
    • Resolución 522/2016: establece criterios para planes de gestión de RAEE en dependencias públicas nacionales.
    • Resolución 189/2019: Residuos Especiales de Generación Universal (REGU)
    • Ley N° 25.916: Ley de Presupuestos Mínimos para la para la Gestión Integral de Residuos Domiciliarios (se reglamentó 11/22 incluye Responsabilidad Extendida del Productor-REP)

    Sin embargo, algunas jurisdicciones avanzaron con normativas propias. En la Provincia de Buenos Aires, se destaca:

    • Ley 14.321: establece principios y responsabilidades para la gestión de RAEE.
    • Resolución 269/19: crea la figura del Gestor Refuncionalizador, con criterios ambientales y sociales.
    • Resolución 149/22: regula las condiciones y obligaciones del Gestor Refuncionalizador.
    • Resolución 331/23: exige a dependencias públicas y universidades con asiento en la provincia elaboren un Plan de Gestión Integral de residuos que incluya los RAEE.
    • Resolución 190/24: obliga a clubes de campo y barrios cerrados a presentar planes si generan más de 1.000 kg mensuales de RSU y también fue incluida la gestión de los RAEE.

    A nivel internacional, organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industiral (ONUDI) y diversos Tratados internacionales como Basilea, Rotterdam y Estocolmo, recomiendan el desarrollo de normativas específicas, sistemas de responsabilidad extendida y compartida, prohibición de exportaciones ilegales, prevención del trabajo infantil/informal, y trazabilidad ambiental y sanitaria de estos residuos. También alertan sobre el impacto de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y los RAEE en los ecosistemas, en especial en países con menor infraestructura de gestión.

    ¿Dónde llevarlos? La experiencia de la academia, EKOA, Planta Piloto de la UNLP

    La Universidad Nacional de La Plata (UNLP), una de las casas de altos estudios más importantes del país, ha asumido desde hace más de 15 años un compromiso pionero en la gestión ambiental y social de los RAEE, a través de su Programa EKOA. Este programa gestiona una planta de producción de equipos refuncionalizados que representa un ejemplo concreto y replicable, que demuestra como desde el ámbito académico es posible convertir un problema ambiental en oportunidades educativas, laborales, sociales y culturales, construyendo así un verdadero modelo de producción basado en la economía circular con inclusión.

    En 2018, EKOA dio un salto cualitativo con la puesta en marcha de su Planta Piloto de Gestión de RAEE, construida en el marco del proyecto internacional “E-Waste Pilot Plant Project”, en alianza con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), organismo especializado de Naciones Unidas. Esta planta se diseñó como un modelo replicable en otras universidades y territorios, y permitió formalizar los procesos técnicos que el programa ya venía desarrollando. (Fig. 3)

    Figura 3. Planta Piloto EKOA. Fuente: imagen propia.

    En 2022, EKOA fue registrado oficialmente como Gestor Refuncionalizador por el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires, en el marco de la Resolución 269/19. Esta certificación lo habilita a emitir comprobantes de recepción a todas las organizaciones, instituciones y personas que cedan sus equipos, y lo incorpora al sistema formal de gestión de residuos electrónicos con valor agregado. Esta figura reconoce no solo el tratamiento técnico, sino también la finalidad social y educativa del reacondicionamiento de tecnología, en línea con los principios de economía circular inclusiva.

    EKOA está ubicado en la localidad de Tolosa, en el partido de La Plata, Provincia de Buenos Aires, y se propone transformar el problema de los residuos tecnológicos con una mirada integral. A diferencia de muchas iniciativas tradicionales, centradas únicamente en el reciclaje, EKOA promueve una gestión con sentido social, que prioriza la refuncionalización, el acceso equitativo a la tecnología, la protección ambiental, la formación técnica y la concientización ciudadana. Funciona también como un espacio educativo, donde se realizan prácticas profesionales, capacitaciones, visitas de escolares y experiencias de aprendizaje en territorio

    Lo innovador del enfoque no radica solo en provenir de una universidad, sino también en su forma de integrar múltiples dimensiones: ambiental, social, cultural, económica y educativa. En EKOA, los RAEE no son vistos como chatarra, sino como una fuente de recursos con valor económico y social.

    EKOA participa activamente en todas las etapas de la cadena de gestión de los RAEE, desde la recepción diferenciada, el almacenamiento seguro, la clasificación técnica, el diagnóstico de reutilización, la refuncionalización de equipos, la sanitización segura de datos, la donación, hasta la preparación para enviar a su reciclado o para la disposición final responsable.

    Para asegurar la protección de la privacidad y la confianza de quienes donan sus equipos, el programa implementa protocolos de borrado seguro de la información

    contenida en los medios de almacenamiento. Este punto es central, ya que muchas personas y organizaciones aún retienen sus equipos por temor a que sus datos sean vulnerados.

    Los equipos que pueden ser reparados o reutilizados son reacondicionados y luego donados (comodato) a instituciones educativas, sociales, comunitarias, sanitarias o culturales, reduciendo la brecha digital y democratizando el acceso a las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC). Los materiales reciclables que no pueden ser reutilizados —como metales, carcasas plásticas, o componentes electrónicos— se entregan a cooperativas de recicladores o a gestores habilitados, cerrando así el ciclo productivo sin generar pasivos ambientales.

    EKOA entrega sus equipos a través de cuatro planes estratégicos (Fig. 4):

    1. Plan Reciclaje Inclusivo: destina equipamiento reacondicionado a ONG, comedores, instituciones educativas, hospitales y espacios comunitarios (entre otros), de todo el país.
    2. Plan Tu PC para Estudiar: ofrece computadoras reacondicionadas a estudiantes de bajos recursos de la UNLP, permitiendo su inclusión digital y permanencia en la educación superior.
    3. Plan Circularidad de Tecnología: propone una rotación interna de equipos dentro de las propias unidades académicas y administrativas de la universidad, evitando compras innecesarias y extendiendo la vida útil de los dispositivos.
    4. Plan UNLP en Territorio: entrega equipos para ser utilizados por una tercera institución u organización en la cual la UNLP tiene injerencia, trabaje en territorio o comparte un proyecto específico.

    EKOA no se limita al tratamiento técnico de RAEE, también impulsa acciones de (Fig.5):

    • Educación ambiental: campañas, talleres, charlas en escuelas y universidades, participación en ferias y eventos sobre sustentabilidad.
    • Formación técnica y laboral: cursos de armado y reparación, prácticas preprofesionales, pasantías, participación en becas como las Manuel Belgrano, capacitación a cooperativas de recicladores urbanos.

    Concientización ciudadana: promoción del consumo responsable, derecho a reparar, cultura del cuidado y la reutilización

    Figura 5. Arriba de izquierda a derecha: Curso de Armado y Reparación. Capacitación a Cooperativas de Recicladores urbanos. Abajo de izquierda a derecha: Certificación a Cooperativas de Recicladores Urbanos. Charla en institución educativa. Fuente: imágenes propias.

    EKOA también establece alianzas estratégicas con empresas, organismos públicos nacionales e internacionales, promoviendo prácticas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). A través de estas alianzas, logra recibir equipamiento de calidad, compartir conocimientos y construir redes de trabajo sostenibles.

    Esto muestra que existe una forma innovadora de gestionar los residuos desde el ámbito universitario, un modelo de producción de equipos refuncionalizados y remanufacturados, con inclusión social, con participación de estudiantes, criterios técnicos, compromiso educativo y ambiental.

    Un modelo para replicar

    EKOA es un Programa institucional de la UNLP referente a nivel nacional e internacional. Su reconocimiento por parte de diversos organismos lo posiciona como un modelo de buenas prácticas para otras instituciones públicas y privadas, municipios y cooperativas que buscan avanzar hacia una gestión ambientalmente racional de los RAEE con impacto social.

    Filiación de los autores

    1 Laboratorio de Investigación en Nuevas Tecnologías Informáticas (LINTI) de la Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina

    2 Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires (CIC), Argentina

    3 Programa EKOA, Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina viviana.ambros@ekoa.unlp.edu.ar

    Fecha de publicación: 26 de septiembre de 2025