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Medioambiente

Humedales: reservas de vida en peligro de extinción

La acción del hombre amenaza la subsistencia de los humedales, ecosistemas imprescindibles para el planeta. Científicos de la UNLP advierten sobre las consecuencias para la región y la importancia de su preservación

El término humedal hace referencia a ecosistemas que permanecen en condiciones de inundación o con su suelo saturado con agua de forma permanente o semipermanente. Si bien bajo este concepto se incluye una amplia variedad de ecosistemas, todos los humedales comparten una característica primordial: el agua es el elemento esencial que les da vida y juega un rol fundamental en la determinación de su estructura y de sus funciones ecológicas.

Sin embargo, como nunca en la historia, la acción del hombre se ha transformado en una amenaza para la subsistencia de estos ecosistemas, imprescindibles para el desarrollo de la vida en el planeta. De manera lenta pero incesante, la superficie de humedales se reduce en todo el mundo y se calcula que, a nivel global, su extensión ya se redujo un 40%.

Su importancia es vital. Estos ecosistemas constituyen una de las principales fuentes de agua para las poblaciones humanas y son reservorios de biodiversidad. De ellos dependen, en distinta medida, la provisión de agua para distintos fines; la recarga y descarga de acuíferos; la protección de recursos de agua dulce contra la salinización; la mitigación de inundaciones; el control de la erosión; y la estabilización de costas y de microclimas. 

¿Cómo se explica el creciente deterioro y extinción de los humedales? El avance de la urbanización y el consumo excesivo e ineficiente del agua ofrecen las pistas para comprender las causas de este fenómeno, y el por qué de la alteración de los procesos dinámicos del ecosistema.

#Investiga reunió a especialistas de diferentes disciplinas de la Universidad Nacional de La Plata, quienes ofrecen su mirada sobre la importancia de la preservación de los humedales para el medioambiente y para el bienestar de la población en nuestra región y en el mundo. Los límites a la explotación, la protección de los recursos naturales, la falta de legislación, y el rol de la ciencia son aspectos abordados en este informe.

Jezabel Primost doctora en Ciencias Exactas e integrante de Centro de Investigaciones del Medioambiente, (CIM), UNLP-CONICET, explica: “existen distintos tipos de humedales y clasificaciones según la geomorfología (es decir, la forma de la superficie terrestre), el origen del agua que los sustenta y el tipo de vegetación asociada. A grandes rasgos, se reconocen cinco tipos de humedales principales: marinos (humedales costeros, lagunas costeras, arrecifes de coral); estuarinos (deltas, marismas de marea y manglares); lacustres (humedales asociados con lagos); ribereños (humedales adyacentes a ríos y arroyos) y palustres (es decir, “pantanosos” como marismas, pantanos y ciénagas), aunque existen clasificaciones más específicas, como la que establece la Convención Ramsar sobre humedales en la que se distinguen 42 tipos de humedales, incluyendo humedales artificiales como estanques, embalses, canales”.

La Convención Ramsar es un tratado internacional con 171 Estados parte, que tiene como misión la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales, nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo.

 

¿Por qué protegerlos?

“Los humedales presentan funciones ecológicas y ambientales muy importantes. Albergan y son refugio de una gran diversidad de especies; almacenan y purifican el agua; y cumplen un rol esencial en el control de inundaciones, ya que reducen la velocidad de circulación de las aguas en época de crecida. Además, actúan como barreras ante los efectos de las tormentas y controlan la erosión costera”, detalla la investigadora del CIM.

Considerados por todo ello grandes amortiguadores ambientales, constituyen una de las principales fuentes de abastecimiento de agua dulce y contribuyen con la recarga y descarga de acuíferos. Tienen un papel fundamental en los ciclos biogeoquímicos, reteniendo nutrientes y sedimentos, y son importantes sumideros de carbono, por lo que representan ecosistemas muy valiosos en relación al cambio climático.

Los humedales son imprescindibles para el desarrollo de la vida del ser humano en el planeta porque constituyen una fuente esencial de agua y alimento, materia prima, recursos genéticos para medicinas, madera y otros materiales de construcción. A ellos se asocian actividades como la pesca, pastoreo, actividad forestal, recreación, investigación, recursos energéticos como turba y materia vegetal, y poseen atributos especiales como parte del patrimonio cultural de la humanidad. Aportan información arqueológica sobre el pasado, son espacios importantes de tradiciones sociales, económicas y culturales.

Se estima que más de mil millones de personas dependen de ellos para su sustento y que el 40 % de las especies de la tierra viven y se reproducen en humedales.

“Sin embargo y a pesar de su importancia vital y sus múltiples beneficios para la sociedad y el planeta, estos ecosistemas enfrentan constantes amenazas que conducen a su pérdida y degradación. Las cifras son alarmantes: en el último siglo se ha perdido entre el 30 y 70 % de los humedales según la región del mundo. Según el Índice de Extensión de los Humedales, entre 1970 y 2008 la extensión de los humedales se redujo un 40 % a escala mundial”, resalta Primost.

Joaquin Cochero es doctor en Ciencias Naturales e investigador del Instituto de Limnología Dr. Raúl A. Ringuelet (ILPLA), UNLP-CONICET. Desde su laboratorio en el corazón del bosque platense explica que: “a nivel global, los bañados son ecosistemas muy importantes para reducir los efectos del cambio climático, ya que actúan como “trampas” de carbono atmosférico. Esto es similar al rol que cumplen los bosques terrestres, pero en comparación a éstos, los humedales desaparecen tres veces más rápidamente por actividad humana”.

"Además –agrega- para las ciudades los bañados de desborde tienen otra característica vital que se tiene que considerar cuando se planea el desarrollo urbano: actúan como zonas de amortiguación de las inundaciones. Luego de los trágicos eventos de abril del 2013 en nuestra ciudad, los mapas de inundación realizados por la UNLP muestran una coincidencia irrefutable entre las áreas afectadas por la crecida con aquellas donde naturalmente se encontraban las zonas de desborde fluvial de los arroyos del Gato, Pérez, Regimiento y Maldonado. Así, el crecimiento urbano sobre estos ecosistemas contempla un riesgo hídrico considerable para la seguridad humana y de las propiedades”.

“El rol de los humedales fluviales bien preservados como “filtros verdes” de contaminantes es también evidente cuando se estudia la química y la bacteriología del agua. Los nutrientes, como el fósforo y el nitrógeno, son asimilados por las bacterias, algas y plantas acuáticas, que a su vez alimentan a los siguientes niveles tróficos. Y este “ciclado” de nutrientes es particularmente rápido en los bañados fluviales de la región platense estudiados, comparado incluso con otros ecosistemas sudamericanos”, puntualiza el investigador.

 

Fuente: Ramsar Convention on Wetlands (2017). Wetlands. Discover an ecosystem important for life.

 

La pérdida de los humedales

María Julia Rocca, Especialista en Ciencias del Territorio Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP, detalla con crudeza el impacto que la urbanización ha tenido y tiene sobre los ecosistemas. “Las principales causas del deterioro y extinción de humedales derivan de la urbanización, el consumo excesivo y el uso ineficiente del agua, con la consiguiente alteración de los procesos dinámicos del ecosistema”, asegura.

Población dispersa en espacios insulares y litorales costeros; asentamientos informales de sectores populares en áreas inundables o sin los servicios básicos de saneamiento; ciudades extendidas en las planicies de inundación impermeabilizando suelos, entubando cursos de agua superficiales y alterando las condiciones del sistema hídrico; y  grandes desarrollos inmobiliarios bajo el formato de “urbanizaciones acuáticas”, son algunas modalidades de asentamientos humanos que presionan sobre estos ecosistemas naturales. Otras alteraciones se originan en el cambio de uso del suelo a actividades agrícolas, prácticas extractivas, rellenos sanitarios, y modificaciones en los cursos de agua superficial”.

En la misma línea Primost agrega: “son muchos los factores que están conduciendo a la pérdida de la estructura y la dinámica natural de los humedales. Entre ellos, los relacionados al desarrollo urbano y rural a través de los cambios en el uso del suelo y en la hidrogeomorfología; la desviación de agua mediante represas, diques y canalizaciones; el desarrollo de infraestructuras viales y centros urbanos particularmente en valles fluviales y zonas costeras; la deforestación; la explotación intensiva por actividades agrícola-ganaderas, entre tantas otras actividades antrópicas que traen aparejado un impacto asociado a la contaminación”.

De la mano del hombre, entra en escena además la contaminación del agua por vertidos residuales, el exceso de nutrientes y otros compuestos provenientes del uso de fertilizantes, plaguicidas y fármacos.

Se estima que más del 80 % de las aguas residuales mundiales se vierten en áreas asociadas a humedales sin tratamiento adecuado. Por ello la calidad del agua está empeorando cada vez más y casi todas las fuentes de agua dulce del planeta ya están afectadas en diferente medida. Sumados a estos factores, el cambio climático afecta de manera directa la integridad de estos ecosistemas”.

Cochero coincide y agrega un dato en base a sus investigaciones: “en el ILPLA nos dedicamos a estudiar los bañados de desborde fluvial de cuatro arroyos representativos de un gradiente de urbanización (Arroyos Carnaval, Arroyo del Gato, y dos afluentes del importante bañado del Arroyo Pescado) para conocer su biodiversidad y su funcionamiento ecosistémico. Entre las primeras conclusiones que se obtienen de este estudio es que los humedales fluviales mejor conservados, es decir, con menos impacto urbano, tienen una gran diversidad de algas, plantas acuáticas, invertebrados, peces, anfibios, reptiles y aves. Y esta rica biodiversidad se ve notablemente afectada por los contaminantes provenientes de las actividades humanas en la cuenca, como pesticidas, fármacos y metales”.

“Es imperativo entender a los arroyos y ríos como ecosistemas dinámicos y que proveen funciones importantes para el desarrollo humano, no sólo como meros canales de drenaje receptores de los productos de la actividad humana. El manejo y la preservación de los ecosistemas fluviales es una tarea que debe realizarse de manera integral sobre todo el territorio que ocupa la cuenca, considerando la preservación de sus funciones ecosistémicas”.

“La degradación de zonas de ríos de cabecera afecta directamente al curso de agua en zonas más bajas” asegura Cochero. “Tomemos como ejemplo las obras hidráulicas realizadas en los arroyos de nuestra región en los últimos años; el canalizado permite un mayor caudal en caso de crecidas, destinado a aliviar las inundaciones en varios barrios del partido. Sin embargo, la cementación del cauce, junto con la destrucción de los bañados de desborde fluvial naturales del arroyo, y la eliminación de plantas acuáticas, reducen la capacidad de autodepuración de contaminantes del río. Esta situación tiene efectos muy adversos sobre las costas donde desembocan los arroyos (particularmente en los partidos de Ensenada y Berisso), tanto disminuyendo su calidad del agua como incrementando sus propios riesgos de inundación”.

 

Los humedales en el sur de la Región Metropolitana de Buenos Aires

Por María Julia Rocca, Directora del Centro de Investigaciones Urbanas y Territoriales (CIUT) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP.

Las importantes alteraciones de los humedales en el litoral Sur de la Región Metropolitana de Buenos Aires tienen una causal común vinculada a los procesos de urbanización creciente metropolitana.

El litoral sur metropolitano cuenta con una gran disponibilidad de espacios abiertos en forma continua que se extienden paralelos al río y a las trazas del ferrocarril Roca y la Autopista Buenos Aires-La Plata, infraestructuras que han determinado barreras físicas sobre aquellos espacios, y renovadas tensiones para el avance de la urbanización hacia la costa.

La franja costera del Rio de La Plata, se extiende desde el partido de Avellaneda hasta el de Magdalena y constituye un espacio natural de interface tierra/agua dominantemente plano y atravesado por numerosos arroyos que nacen en la terraza alta y desaguan en el río una vez que atraviesan el monte costero y, en partes, la selva marginal. En conjunto, el litoral se caracteriza por cotas de nivel por debajo de los 5 metros s.n.m., que en general no superan los 2.5 metros s.n.m.

Una porción significativa de ese territorio, que se dispone en forma paralela al río y por debajo de la cota 2.50 s.n.m., corresponde a humedales: el bañado, la barranquilla costera y la zona aluvional. 

En lo que va del SXXI, se pueden mencionar algunas de las intensas transformaciones territoriales asociadas a procesos de expansión urbana con impacto sobre humedales, y que son impulsadas por diferentes modos de producción de suelo urbano. Una corresponde al avance sobre los bañados de Ensenada y Maldonado en Berisso; otra al avance de la urbanización sobre el humedal de El Pescado en el partido de La Plata; y finalmente al impacto irreversible y de gran envergadura que están generando los desarrollos inmobiliarios sobre la Reserva natural de Hudson, en el partido de Berazategui.

 

Vulnerabilidad crítica del habitat informal sobre los bañados de Ensenada y Maldonado

La condición de humedal de la mayor parte de los territorios de Ensenada y Berisso, ha sido determinante en la configuración territorial de la microrregión de La Plata.  La presencia de anegamientos, riesgo cíclico y periódico de inundación, y dificultades en los suelos para asentar, fueron en el origen del poblamiento motivo de resistencia al proceso de urbanización. Inicialmente con una acotada urbanización paralela al Río de La Plata sobre tierras relativamente más altas en cercanía a la costa, motivada también por actividades recreativas, industriales, portuarias o con asentamientos humanos dispersos vinculados a la producción sobre el monte costero.

En estas condiciones los municipios tienen muchas restricciones en el crecimiento urbano tanto densificación como por expansión con buenas condiciones de calidad urbana. de habitat informal preexistente.

Estudios realizados recientemente en el CIUT, sobre crecimiento urbano extensivo en estos municipios, identifican importantes ampliaciones hacia el bañado de asentamientos y villas autogestionados por sectores de bajos ingresos con dificultades para acceder al mercado de suelo formal. A modo de referencia, Villa Arguello en Zona 1 de Berisso, duplicó su superficie durante el período 2004-2014 y aumentó de 740 casillas a unas 2.090 . Similar situación se corrobora con la dinámica de crecimiento de Villa Catela, una de las unidades de mayor magnitud de Ensenada atravesada por un arroyo, que pasó de registrar 708 casillas en 2005 a 1.314 en 2015 (Lopez I, Rocca,MJ 2014). Ambos barrios son lindantes con el partido de La Plata y se extendieron sobre el bañado sin mediar ninguna adaptación a las condiciones de riesgo hídrico; sin servicios de agua y cloacas; y en un sector cercano al polo petroquímico con alto riesgo de contaminación, cuestiones que se complejizan y requieren alertar las condiciones de esta urbanización dado el alto grado de vulnerabilidad de la población residente.

 

Alertas sobre el crecimiento suburbano y rururbano hacia el humedal del Arroyo el Pescado en La Plata  

En el partido de La Plata, el humedal del Arroyo de El Pescado está asociado a la cabecera del arroyo y ahí recibe el escurrimiento superficial y el de las aguas subterráneas procedente de territorios adyacentes. El arroyo tiene su naciente entre Olmos y Echeverry, y sus afluentes son Los Difuntos, del Sauce, del Pino. Recibe aguas del arroyo Cajaraville de Magdalena y vuelca finalmente en el Río de la Plata entre la playa municipal y la Bagliardi de Berisso. Es un típico curso de llanura, permanente, sinuoso, con cañadas, bañados y lagunas, cuya cuenca, la más extensa y la menos contaminada de la región ha sido declarada por Ley Paisaje Protegido y en parte reconocida a nivel municipal por la Ord.10.703/10 como Área de valor patrimonial denominada Humedal del Arroyo El Pescado.

Las tendencias de urbanización desde La Plata hacia la cuenca, inicialmente se encaminaron entre la Ruta 11 y la prolongación de Av. 7 en Villa Elvira, con los mayores incrementos poblacionales en el marco del alto grado de precarización urbana avanzando sobre suelos rurales, ambientalmente degradados por actividades extractivas y extendiéndose sobre el Humedal del Arroyo El Pescado.

En las últimas décadas se intensificó la ocupación de parcelas tanto del trazado original de Villa Garibaldi como del de Villa Sicardi, como una opción de acceso al suelo para sectores medios en busca de vivienda secundaria, o beneficiarios del Programa Pro Crear. También fuera de estos trazados y en contextos rurales cercanos al curso del Arroyo de El Pescado a través de nuevas modalidades de urbanización dispersa rururbana surgen de las más recientes “formas asociativas” “no normadas” de los sectores medios a través de consorcios para acceder al suelo a bajo precio generando enclaves rurales en la mayoría de los casos con déficit de infraestructuras de saneamiento, en casos sobre suelos bajos inundables. Este descontrol de los procesos de urbanización pone en riesgo de contaminación no sólo el humedal sino las condiciones de la Cuenca reconocida hasta hace poco tiempo como la única reserva de agua no contaminada de la región.

 

Impactos irreversibles sobre el humedal de la Reserva de Hudson. Berazategui

Impulsados por las mejoras de accesibilidad regional metropolitana representada por la Autopista Buenos Aires -La Plata y su conector con Ruta 2, y la gran superficie de espacios abiertos continuos cercanos sobre la franja costera del Río de la Plata, se inicia desde los 80 y consolida en los 90, la tendencia de nuevas modalidades residenciales y de consumo que expresan el modelo de expansión urbana metropolitana en curso. En ese marco se canalizan inversiones sobre áreas de valor ambiental y paisajístico desde Avellaneda a Berisso.

La mayor concentración de desarrollos inmobiliarios se da en el partido de Berazategui, a 30 km al sudeste de la CABA, donde se constata a la fecha un total de 34 DI, 3 de los cuales, se encuentran en ejecución en la principal reserva de humedales del Sur metropolitano.  Registrados desde el año 2004 los humedales en Hudson, normados como Área de reserva, reciben el impacto de emprendimientos e inversiones de gran escala, promovidos por grandes desarrolladores inmobiliarios con capitales internacionales, con estrategias de marketing para crear y satisfacer demandas de consumo a sectores sociales medios y altos que se desplazan hacia las periferias metropolitanas. Reconocen la lógica de urbanización que Pintos denomina “extractivista rentista” y que se caracteriza por impactos irreversibles sobre ambientes naturales, privatización de bienes comunes, fragmentación territorial, segregación social, y alto grado de informalidad legal e institucional.

Estudios realizados desde el CIUT sobre el espacio litoral de Berazategui, delimitado entre la ribera y la curva de nivel  +-5 metros, identificaron 13 desarrollos inmobiliarios que comprometen unas 829 has. En su mayoría son urbanizaciones residenciales cerradas tres de las cuales concentran unas 707 hectáreas. y constituyen los desarrollos de gran impacto sobre la reserva de humedales. Puerto Trinidad, Pueblos del Plata y Hudson Laggons, en conjunto generaron en el mercado una oferta total de 4006 lotes sin estar aprobados para su venta, transformando la topografía en forma irreversible unas 66 hectáreas de lagunas.

El producto se promociona en base a la construcción de un paisaje artificial, bajo el formato de “urbanizaciones acuáticas”. Con el fundamento de aprovechar tierras bajas consideradas inaptas, los desarrolladores generan sobre los humedales y ambientes naturales impresionantes movimientos de tierra modificando la topografía y sistema de escurrimientos, y creando lagunas artificiales, componentes infaltables en los trazados de las urbanizaciones cerradas de nuevo tipo.

Si bien existe un marco legal que contempla la regulación de estos emprendimientos y las restricciones de urbanizar sobre los humedales, las iniciativas se materializan y venden previamente a su aprobación, sin controles y en un contexto de subordinación del Estado a los intereses de los Desarrolladores, a la luz de reclamos de organizaciones ambientales.

Por otra parte la envergadura de estos emprendimientos con una población potencial estimada en 14.271 hab. a escala de una ciudad, amerita además pensar en las implicancias sociales que estos proyectos promueven en términos de procesos no deseados de segregación y autosegregación social, y de desarrollos urbanos desiguales. 

 

Un sistema de humedales especial en Argentina

Por Jezabel Primost

El Delta del Paraná es uno de los Deltas más importantes de América y del mundo. Es un macrosistema de humedales ubicado en la porción inferior de la Cuenca del Plata, entre la ciudad de Diamante, Entre Ríos, y su desembocadura en el Río de La Plata. Este sistema presenta una gran relevancia ecológica y ofrece diversos servicios ambientales para la sociedad.      

Particularmente, el conocimiento sobre las características fisicoquímicas y la calidad del agua que sustenta a este macrosistema, así como las problemáticas de contaminación asociadas, resultan de gran interés ya que pueden limitar tanto sus funciones ecológicas, como así también los distintos usos del agua. En especial, el desequilibrio en la dinámica de nutrientes, fundamentalmente nitrógeno (N) y fósforo (P) y el enriquecimiento de nutrientes provenientes de fuentes difusas (como la agricultura o la ganadería) o de fuentes puntuales (como efluentes urbanos e industriales) constituyen una amenaza para este importante ecosistema.

En este escenario, se ha llevado a cabo mi tesis doctoral en el Centro de Investigaciones de Medioambiente (CIM) de la Facultad de Ciencias Exactas, UNLP, en colaboración con Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con el objetivo de evaluar la calidad de agua y la dinámica de nutrientes. Para ello, se llevaron adelante 8 campañas de monitoreo durante 3 años en 20 sitios del Delta Entrerriano, siendo uno de los primeros trabajos que aborda este aspecto a escala espacial y temporal.

En el trabajo se concluye que el Delta del Paraná juega un papel fundamental en la eliminación, retención y/o atenuación de nutrientes y sólidos, representando un valiosísimo servicio ecosistémico para atenuar la carga de contaminantes y mantener la calidad del agua y su integridad ecológica. Las actividades antrópicas presentes en el Delta y su entorno, representan presiones que podrían perturbar la dinámica de nutrientes y la sustentabilidad del ecosistema en un contexto donde se incrementan los cambios en el uso del suelo, aumenta el desarrollo productivo y urbano, siendo necesario tomar medidas de control sobre los efluentes y las principales actividades antrópicas que podrían conducir a la degradación de este importante ecosistema.

 

Falta de legislación

Si algo les faltaba a los humedales para sembrar aún más incertidumbre respecto a su futuro y preservación en Argentina, el capítulo de legislación parece no traer buenas noticias. María Julia Rocca lo expresa con claridad: “Desde lo legal se abre una perspectiva para reflexionar en cuanto a la efectividad de los marcos legales vigentes tanto en lo que respecta a la legislación ambiental como a la de ordenamiento territorial y sus múltiples -en casos ausentes o contradictorias- adecuaciones y estrategias a nivel municipal para valorizar y proteger la condición de los humedales desde una visión que contribuya a la sostenibilidad del crecimiento urbano”.

“Desde lo político la protección de los humedales implica que los gobiernos asuman un verdadero compromiso con la implementación de políticas de ordenamiento territorial que articulen el conjunto de políticas públicas sectoriales (suelo y vivienda, infraestructuras, movilidad, industria, ambiente, salud y patrimonio) desde una abordaje multidimensional, multiescalar  y multiactoral, con directrices de crecimiento urbano que definan estos ecosistemas como espacios “no urbanizables”, y que prioricen la provisión de servicios de saneamiento y la gestión del riesgo ambiental para los sectores vulnerables ya asentados” concluyó la docente.

Actualizado el: 2020-03-06