Mi padre, por Carlos Sahade

Locutor y periodista, hijo de Jorge Sahade

Era doctor hasta para afeitarse. Al levantarse, en ayunas, con agua caliente. No podía ser de otra forma. Y era lo primero que se debía hacer. Todos los días.

Y todos los días, en los últimos años, pasaba horas frente a la computadora dedicado a sus mails y a escribir sus memorias que empiezan así: “Según solía contar mi madre, nací el 17 de febrero de 1915, pero, como era demasiado pequeño y ya habían fallecido anteriormente dos hijas, ella creyó que yo no iba a vivir mucho tiempo, y no me anotó en el Registro Civil hasta el 23 del mismo mes. En consecuencia, mi fecha oficial de nacimiento, es el 23 de febrero de 1915”. Obstinado, riguroso, testarudo, desmintió a su madre y vivió hasta los 97.

Luchador. Cuando algo se le metía en la cabeza nadie lo detenía. Ni el submarino nazi que interceptó el barco en el que viajaba a los Estados Unidos en 1943.

Incansable. “Desde mi casa sigo tratando de que se terminen dos trabajos importantes de investigación pendientes”, escribió el año pasado.

Su madre, dominante e implacable, llegó a empeñar su cadena de oro para que su hijo estudiara. Es que las cosas no andaban bien para el matrimonio de inmigrantes que se casó sin conocerse por decisión de sus familias y que se vino para la Argentina sin saber ni saludar en castellano.

Orgulloso de haber podido ayudar económicamente a sus padres y orgulloso de sus logros científicos, de los que dan cuenta las paredes de su departamento atiborradas de fotos, distinciones y diplomas. 

Intolerante para los errores, insistió hasta lograr la modificación del decreto de la Municipalidad de La Plata que en 2011 lo declaró “ciudadano ilustre” porque “quien lo redactó entendió que un mérito era que había ‘descubierto un asteroide al que lo había designado con mi nombre’, afirmación totalmente errada que demuestra un desconocimiento absoluto de cómo funciona el sistema de designaciones de objetos celestes en la Unión Astronómica Internacional”.

Se aferró con honestidad a sus convicciones y su profesión siempre fue lo primero. En eso consistió su vida y seguramente su felicidad.


Actualizado el: 2013-04-22